La asociación global HSMAI señala que 2026 no será un año de tendencias aisladas, sino de transformaciones estructurales en la forma en que los viajeros eligen, viven y recuerdan sus viajes, así como en la manera en que las empresas de hospitalidad operan, se organizan y compiten.
El próximo ciclo consolida una nueva arquitectura de valor del sector, sustentada por tres pilares inseparables: inteligencia tecnológica, anticipación orientada por datos y profundidad de la experiencia humana.
“2026 tiene vectores positivos, pero no es un año sencillo, especialmente para Brasil. Tendremos Copa del Mundo, elecciones y un calendario cargado de feriados, lo que tiende a favorecer el ocio, pero presiona el segmento corporativo, los eventos y la previsibilidad de ingresos. El equilibrio entre estos dos mundos será el gran desafío”, explica Gabriela Otto, presidenta de HSMAI Brasil y Latam.
“La demanda existirá, pero será fragmentada, volátil y muy sensible al precio, al contexto y al timing. Quien tenga lectura de datos, agilidad comercial y una estrategia clara podrá navegar bien. Quien dependa solo del flujo natural o de modelos antiguos lo sentirá”, añade.
Las tendencias son:
- ¿Cómo elegirán viajar las personas en 2026?
La elección del viajero deja de ser reactiva y pasa a ser anticipada por datos, comportamiento e inteligencia artificial. Estudios globales muestran que el viaje comienza antes de la búsqueda activa, cuando los algoritmos ya comprenden quién es el viajero, en qué momento de su vida se encuentra y qué desea sentir.
- La experiencia deja de ser un diferencial y se convierte en un requisito previo:
El viajero ya no compra hospedaje o transporte, sino pertenencia, transformación y memoria emocional. El viaje pasa a vivirse como un ritual, conectado con el momento personal, familiar o profesional.
- Los destinos dejan de vender lugares y pasan a ofrecer significado:
En 2026, los destinos ya no venden lugares, sino historias, identidad y recorridos emocionales. El destino pasa a ser la historia que el viajero escribe. Ejemplos de narrativas: Islandia – el paisaje como terapia, renacimiento y cambio de perspectiva; Japón – plenitud, quietud y estética; Nordeste brasileño – naturaleza, ancestralidad y vibración sensorial.
- Las comunidades sustituyen al turismo de masas:
El crecimiento deja de provenir de la escala y pasa a venir de la afinidad. Viajes organizados por comunidades como wellness, deporte, gastronomía, espiritualidad, mujeres que viajan solas, turismo regenerativo, entre otras, ganan aún más protagonismo.
- La IA como cogestora del negocio:
La Inteligencia Artificial asume un papel estratégico en las decisiones comerciales. Principio clave: automatizar lo previsible y humanizar lo esencial. Recordando que la IA no sustituye a las personas, sino la improvisación, las suposiciones y las decisiones tardías.
- La economía regenerativa y la responsabilidad salen del discurso:
Ahora son criterios de elección. Las marcas y los destinos necesitan demostrar un impacto positivo; quien no entrega valor real, pierde relevancia.
- La influencia ya no es alcance, sino credibilidad:
Crece el poder de los micro y nano influenciadores, con autoridad real y conexión genuina con comunidades específicas.








