Han pasado ya 100 días desde que Keiko Fujimori asumió la Presidencia de la República y el turismo peruano sigue esperando señales claras de recuperación. El balance presenta algunos avances, reuniones y anuncios, pero también numerosos asuntos pendientes que exigen decisiones urgentes.
Lo más concreto de esta primera etapa es la aprobación del Plan Nacional de Orden Turístico 2026-2031, que contempla 12 ejes y 52 acciones para mejorar la gestión de destinos, la seguridad y la formalización. Es un paso positivo, más aún cuando figuraba en el Plan de Gobierno de Fuerza Popular. Sin embargo, falta publicar un cronograma de ejecución, responsables, presupuestos e indicadores que permitan medir sus resultados. Sin esa calendarización, el plan corre el riesgo de quedarse en el papel.
También merece reconocimiento el trabajo del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) y la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) para ampliar la conectividad aérea. El Kit de Impulso a la Conectividad Aérea, con incentivos y facilidades para nuevos operadores, apunta en la dirección correcta. Ahora corresponde comprobar si genera decisiones de inversión, nuevas aerolíneas, rutas y frecuencias.
Pero ese esfuerzo contrasta con la falta de solución al cobro de la TUUA de transferencia internacional en el aeropuerto Jorge Chávez. Las aerolíneas y los gremios alertan sobre la pérdida de pasajeros en conexión y de competitividad frente a otros centros regionales. No tiene sentido promover nuevas rutas mientras se mantiene una barrera que desalienta las conexiones por Lima.
En Machu Picchu, el Ministerio de Cultura corrigió una distorsión importante: eliminó las reservas de tres horas sin pago e implementó la compra directa con confirmación en 15 minutos, tras detectarse bloqueos masivos de boletos. También se anunció la posibilidad de comprar entradas con diez meses de anticipación y habilitar nuevos medios de pago. Son avances, pero insuficientes frente a una crisis de gestión más profunda.
Sigue sin resolverse la licitación del transporte turístico por la ruta Hiram Bingham, cuestionada por la incertidumbre sobre su operación y seguridad. Falta una gestión articulada que garantice acceso ordenado, transparencia y previsibilidad para visitantes y operadores. El principal atractivo turístico del Perú necesita soluciones integrales, no solo cambios en la boletería.
La hotelería, por su parte, necesita medidas concretas para atraer inversión, reducir trabas y combatir la informalidad. La concesión del Centro de Convenciones de Lima es una noticia fabulosa, ahora falta conocer los detalles de ese acuerdo y su puesta en funcionamiento.
La mayor ausencia sigue siendo una hoja de ruta integral. El país todavía no cuenta con una Política Nacional de Turismo actualizada ni con un nuevo Plan Estratégico Nacional de Turismo (PENTUR) que establezca objetivos y prioridades de largo plazo.
Las cifras tampoco permiten triunfalismos. Entre enero y septiembre, las llegadas internacionales retrocedieron 0,9% frente a 2025. Con esta tendencia, cerrar 2026 igualando el año anterior ya sería un resultado aceptable, lejos del crecimiento proyectado por Mincetur. A nuestro juicio, recuperar los niveles prepandemia podría postergarse hasta 2029, mientras otros destinos de la región avanzan más rápido.
A ello se suma la amenaza del fenómeno El Niño. Sus posibles daños a infraestructura, destinos y empresas turísticas, especialmente en el norte, podrían comprometer seriamente la temporada alta de verano. La prevención no admite demoras.
También quedan pendientes importantes compromisos del Plan de Gobierno 2026-2031 de Fuerza Popular, que plantea alcanzar los seis millones de turistas internacionales al 2031. Entre las promesas para los primeros 100 días figuraban la creación del fondo FEDETUR y el lanzamiento de la campaña internacional “Vuelve al Perú”. Falta conocer los avances concretos de estas iniciativas, así como de los incentivos a la inversión, la formalización y la capacitación de 100 mil trabajadores turísticos.
En conectividad e infraestructura, el Gobierno tiene una agenda ambiciosa: mejorar los accesos al Jorge Chávez, culminar Chinchero, modernizar aeropuertos regionales, impulsar nuevas rutas y aplicar una política de Cielos Abiertos. Lo que falta es establecer prioridades, presupuestos y plazos concretos para cumplir estas promesas. Sin una hoja de ruta clara, la meta de seis millones de turistas al 2031 corre el riesgo de quedar en otra declaración de buenas intenciones.
El diálogo con los gremios es necesario, pero ya no suficiente. Más allá de las buenas intenciones, hay mucho de qué preocuparse y mucho por hacer. La luna de miel de los primeros 100 días terminó. Ahora el sector privado también debe exigir plazos, compromisos y resultados concretos y verificables.
Saludos,

Juan Carlos Castro
Directos General
Turiweb
juancarlos@turiweb.pe



